El problema de la corrupción es que no es presunta, es real. Y, según todos los síntomas, generalizada. Es imprescindible pasar la hoja y entrar en una nueva etapa más digna, pero la manera de conseguirlo no será con soluciones radicales, con nuevos profetas...
/image%2F2521407%2F20170916%2Fob_9b5659_10.jpg)