El mundo del fútbol, lejos de representar los valores de una sociedad saludable, simboliza la pérdida de los mismos. Es preocupante que nuestros hijos puedan llegar pensar que la solidaridad consiste únicamente en pasearse por los campos de refugiados o en realizar rápidas visitas a algunas aldeas africanas. Repartir regalos a niños hospitalizados y disponer de una fundación con el propio nombre es reducir la solidaridad a su versión más elitista y aristocrática. Un retorno a la caridad del siglo XIX.

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